UN PROGRAMA DE ESTUDIO
¡Muy buenas! En esta segunda parte te propongo un programa de estudio concreto con el que abordar el aprendizaje de los silabarios japoneses: hiragana y katakana.
1) DECIDE UN RITMO DE APRENDIZAJE
Tú mejor que nadie sabes cuánto tiempo puedes dedicarle al japonés a lo largo de la semana; en función de este tiempo podrás ajustar tu ritmo. Como ejemplo, te propongo el programa que utilizo en clase con mis alumnos: una sesión semanal de una hora para aprender los kana de esa semana, y diez minutos al día para repasarlos.
Tal y como expliqué en la entrada anterior empezaremos por el hiragana. La primera semana, como estamos muy motivados y tenemos el cerebro vacío de letras japonesas, podemos empezar aprendiendo las tres primeras columnas: la de la “a” (a, i, u, e, o), la de la “ka” (ka, ki, ku, ke, ko) y la de la “sa” (sa, shi, su, se, so). En total 15 letras.

Los kana son mucho más simples que los kanji, ya que sólo tienen valor fonético (representan sonidos, no conceptos) y no hay ninguno que se escriba con más de cuatro trazos.
Para aprender un kana primero debemos saber cómo se lee, y a continuación memorizar el orden de escritura de sus trazos. Sí, en esto la escritura japonesa es muy puntillosa: cada letra tiene un orden de escritura que hay que respetar escrupulosamente. Esto ayuda a que la letra sea equilibrada y no un garabato retorcido.


Para escribir utiliza papel cuadriculado. Los kana son letras tan altas como anchas (si no lo es el signo gráfico en concreto, sí que lo es el espacio que se le asigna) por lo que, hasta que nos acostumbremos a escribir, empezaremos practicando sobre una cuadrícula para que no nos queden letras raras. No escribas un kana en un cuadrito, utiliza cuadrados de 2×2, 3×3 o incluso 4×4, y así todas las letras quedarán del mismo tamaño.
Ejercicio 1:
Escribe la primera letra cuatro o cinco veces siguiendo el modelo, y unas diez o veinte veces más cuando ya puedas hacerla de memoria. (Esto es siempre aproximado: si necesitas más, escríbela más; si te basta con menos, menos). Es muy importante, eso sí, repetir en voz alta cómo se lee esa letra cada vez que la escribas, así ayudas a conectar la memoria visual con la auditiva.

Terminada la primera letra repite el mismo proceso con las catorce restantes, una por una.
Ejercicio 2:
Cuando hayas practicado las primeras quince letras, intenta escribirlas todas una última vez sin mirar. Nuestro alfabeto es lineal, pero los silabarios japoneses son tablas: escribe en español a un lado de la tabla “a i u e o” y al otro (perpendicularmente) “a ka sa”, y rellena los quince huecos. Da igual qué pongas en la horizontal y qué en la vertical. A mí, personalmente, me gusta más escribir la tabla en vertical, como se hace en Japón, pero da exactamente lo mismo que la escribas en horizontal.
Habrá algunas letras que se te resistan: te habrás olvidado algún trazo, la habrás escrito del revés o simplemente no lograrás recordarla. Es normal. Vuelve a escribir diez veces cada letra que hayas fallado, leyéndola en voz alta, y por hoy ya has terminado.

2) REPASA TODOS LOS DÍAS
Este es el paso crucial: dedica diez o quince minutos al día a repasar las 15 letras de la semana, repitiendo el ejercicio 2 del primer día. En un papel en blanco prepara la tabla y trata de rellenarla con los kana. Léelos en voz alta conforme los escribes. Si pasados cinco minutos hay alguno que no logres recordar, mira el modelo y escribe unas diez veces cada letra incorrecta u olvidada, siempre pronunciándola. Repite esta rutina cada día (festivos incluidos… ¡venga, que son sólo diez minutos!) y para cuando termine la semana dominarás los 15 kana.

3) SIGUIENTES SEMANAS
La segunda semana, en nuestra hora de escritura, aprenderemos dos nuevas columnas: la de la “ta” (ta, chi, tsu, te, to) y la de la “na” (na, ni, nu, ne, no). El mecanismo es exactamente el mismo: aprender cada kana escribiéndolo y leyéndolo cuatro o cinco veces, repetirlo ya sin modelo de diez a veinte veces y pasar al siguiente. Cuando los tengas todos, trata de rellenar la tabla sin mirar (ahora ya son 25 letras), y escribe otras diez veces cada letra incorrecta.
A partir del día siguiente, a diario, repite este último ejercicio de la tabla en diez o quince minutos y machaca los kana rebeldes.
La tercera semana añade las columnas de la “ha” y de la “ma”, y la cuarta el resto del silabario. La quinta semana no se aprenden letras nuevas sino las lecturas especiales: sonorizaciones, diptongos, vocales largas y dobles consonantes. De estos cuatro apartados lo que hay que saber es cómo se leen y cómo se escriben cuando aparezcan en palabras que los contengan, pero no van a entrar a formar parte de nuestra rutina diaria de repaso de escritura.
A partir de la sexta semana repite el mismo proceso con el katakana (¡sin dejar de repasar la tabla del hiragana básico ni un día!), y así habrás aprendido los silabarios en poco más de dos meses. Con esto ya podrás leer y escribir en japonés (la soltura va llegando con la práctica, desde luego), y ya estarás en disposición de empezar a ver gramática básica con libros no romanizados.
Un último consejo: aunque hayas terminado de aprender letras nuevas sigue durante algunas semanas más con tu rutina de escribir de memoria los dos silabarios hasta que sientas que los dominas. Cuando veas que se te salen por las orejas y que no fallas ni una, puedes ir espaciando el repaso: cada tres días, una vez a la semana… hasta que llegue un momento en el que hayas integrado por completo los silabarios y ya no necesites repasarlos (como nuestro alfabeto, que tampoco necesitamos repasarlo). Es interesante, eso sí, dedicar un rato a la semana a escribir oraciones, (por ejemplo, las mismas que vayas viendo en tu libro de japonés), para mantener la escritura fresca y que no se te olviden los silabarios. Y eso es todo. ¡Prueba superada!
En la próxima entrega cambio de tema y hablaré de la (presunta) correlación entre los niveles del Noken y el Marco Común Europeo de Referencia. ¡No te lo pierdas!
Miguel Ayala

